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Grupo de Investigación en Estudios Semióticos Aplicados

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La Piedra de Rosetta

Hoy no se puede hablar de cultura o de comunicación sin tener en cuenta las ideas semióticas. La semiótica visual, con sus análisis del cine, de la televisión y del mundo de la publicidad, ha alcanzado un desarrollo extraordinario. La tendencia general ahora es la menor presencia de contribuciones basadas en los modelos semiológicos de tipo lingüístico que se ven sustituidas por aportaciones en las que aparece un concepto extenso del signo, visto ahora más como signo cultural. La semiótica pasa a ser un lugar, un objeto de encuentro multidisciplinar (Pozuelo, 1999:65).

El campo de la semiótica es tan extenso y variado que prácticamente todas las expresiones del saber humano y todas sus actividades pueden ser analizadas desde esta perspectiva. Habría que distinguir entre un uso instrumental, metodológico, del concepto frente a propuestas más inclinadas a la reflexión epistemológica. Porque los estudios semióticos no pueden reducirse a un método mecanicista que se utiliza como una plantilla en la que se vuelcan los datos y se obtienen unos resultados. Superado el paradigma formalista-estructuralista, hace años que se profundiza en aspectos mucho más trascendentes. Las últimas tendencias teóricas así lo demuestran. Hablamos, pues, de otro giro semiótico.

Hoy domina la ideología de la productividad y de la eficacia (la tan traída y llevada  competitividad) que valora especialmente las ciencias físico-matemáticas y las investigaciones científicas que mejoran la producción. Sin embargo, seguimos preguntándonos por el sentido del hombre y aquí parece claro que las ciencias humanas tienen mucho que decir (y mucho que producir…).

Un país competitivo es aquel que apuesta sin miedo en todos los campos del saber, el que se asienta en un conocimiento pragmático, utilitario, con un alto rendimiento económico que ha provocado un desmesurado desarrollo material de las sociedades industriales, pero que también se apoya en la reflexión histórico-filosófica, poética, psicológica o artística, con menor beneficio económico a corto plazo pero con unas rentas inconmensurables, que obtienen su fruto al madurar las jóvenes generaciones que hoy miran el futuro con expectación y optimismo, como siempre ha hecho la juventud, pero con un gran despiste mental, espiritual, humano.

Estamos construyendo un nuevo humanismo gracias a múltiples aportaciones que van desde la semiótica cognitiva a la teoría crítica de la cultura. La semiótica existencial, que desarrolla Eero Tarasti, se centra en el ser humano, en el individuo. Frente al cientificismo más grosero, propone un acercamiento fenomenológico en el que tiene un papel esencial el concepto de trascendencia.

Se trata de una nueva semioética de la responsabilidad que se centra en el mundo creado con el otro, o lo que es lo mismo, de una semioética de la alteridad. Este cambio fenomenológico del yo al otro no sólo pone en discusión toda la dirección de la filosofía occidental, sino también la visión del mundo que en ella subyace. (Augusto Ponzio, 1998: 245)

La identidad ha sido la categoría dominante en el pensamiento occidental. Habría que cuestionar esa posición privilegiada y buscar la emancipación de la especie humana y sus signos desde la solidaridad. Parece necesario un cambio que se asocia inevitablemente con la apertura a los demás para salvarnos, todos, de una catástrofe global presentida y largamente anunciada pero todavía evitable.

PONZIO, Augusto (1998). La revolución bajtiniana. El pensamiento de Bajtin y la ideología contemporánea. Edición y traducción de Mercedes Arriaga, Madrid, Cátedra, 1998. ISBN: 84-376-1686-7

POZUELO YVANCOS, José María (1999) ”La Asociación Española de Semiótica (A.E.S.): Crónica de una evolución científica” Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica, 8 (1999), 54-69.

http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02586396722403895209079/p0000001.htm#I_5_